Es la pregunta que hace todo el que mira Cáceres desde lejos por primera vez. La ciudad está encaramada en un cerro, en mitad de una penillanura de secano, sin río grande a la vista. Y sin embargo aquí ha vivido gente de forma continuada desde época romana.
La respuesta se llama Ribera del Marco: el arroyo que corre al pie del casco antiguo, por la ladera este, y que durante siglos fue la despensa, el lavadero y el motor de la ciudad.
Qué es la Ribera del Marco
Un arroyo modesto, alimentado por manantiales, que baja bordeando la ciudad vieja. Modesto pero constante, que es lo que importa en un sitio donde no llueve mucho.
A su alrededor se organizó todo un sistema: huertas que abastecían la ciudad, molinos harineros aprovechando el desnivel, lavaderos públicos, fuentes y un entramado de acequias para repartir el agua. Es, literalmente, la infraestructura que hizo posible que Cáceres existiera donde existe.
Buena parte de eso sigue ahí. Las huertas todavía se cultivan en algunos tramos, quedan restos de molinos y el agua sigue bajando.
Por qué no la visita casi nadie
Por dos motivos, y ninguno es que no merezca la pena.
El primero: no hay un monumento. No hay taquilla, ni folleto, ni una foto icónica que circule por internet. Lo que hay es un paisaje, y los paisajes no salen en las listas de "10 cosas que ver en".
El segundo: está abajo. El visitante llega a la Plaza Mayor, sube al casco antiguo y todo su instinto le dice que lo interesante está arriba. Bajar por el otro lado parece alejarse.
El resultado es que estás a diez minutos de una de las plazas más visitadas de Extremadura y no te cruzas con nadie.
Cómo recorrerla
El recorrido natural es bajar desde el casco antiguo por la zona del Arco del Cristo y seguir el curso del arroyo hacia el norte, en dirección a las huertas y a lo que queda del sistema de molinos. Volver por el barrio de San Antonio, la antigua judería, y subir de nuevo al recinto amurallado.
En total salen unos cuatro kilómetros y unas dos o tres horas si te paras a mirar. La dificultad es baja: hay desnivel, pero repartido, y no hay ningún tramo técnico. Casi todo el recorrido va junto al agua o a la sombra, lo cual en verano se agradece bastante.
Cuándo ir
- Primavera. Es cuando el entorno está verde y las huertas en plena actividad. Con diferencia, la mejor época.
- Primera hora de la mañana, en cualquier estación. Es cuando mejor está la luz y cuando hay más pájaros.
- Evita el mediodía de julio y agosto. Hay sombra, pero no en todo el recorrido, y son tres horas.
- Después de lluvias el arroyo baja con fuerza y se entiende mucho mejor cómo funcionaban los molinos.
Para quién es
Es un plan de segunda visita. Si solo tienes un día en Cáceres, dedícalo al casco antiguo: la ciudad monumental es lo que has venido a ver, y está contada en Cáceres, Patrimonio de la Humanidad.
La Ribera es para cuando vuelves, para cuando te quedas más de un día, o para cuando ya has visto piedra suficiente y te apetece caminar. Con niños funciona muy bien porque pueden ir sueltos.
Si lo tuyo es el campo
La Ribera del Marco es la versión urbana y accesible del paisaje extremeño. La versión grande está a un rato en coche, y es de las cosas más impresionantes que tiene España: dehesa, roquedo sobre el Tajo y una de las mayores concentraciones de aves rapaces de Europa.
Monfragüe, Plasencia y Yuste
El Salto del Gitano, buitres leonados a placer y el monasterio donde se retiró Carlos V.
Y a quince minutos de la ciudad, sin salir prácticamente del término, están los Barruecos: bolos de granito enormes junto a charcas, con cigüeñas anidando encima de las rocas.
Excursión a los Barruecos
Bolos de granito enormes, charcas y cigüeñas anidando sobre las rocas, a quince minutos de la ciudad.
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Antes de bajar
- Calzado de andar, no zapatillas de lona: hay tierra y piedra suelta.
- Agua, sobre todo de mayo a septiembre.
- Gorra y protección solar. Hay sombra, pero a ratos.
- Deja el coche arriba y baja andando. Las opciones de aparcamiento están en dónde aparcar en Cáceres; El Madruelo es el más cercano por este lado.