Cáceres es una de esas ciudades que se recorren solas: se entra por el Arco de la Estrella y ya no hay pérdida posible, porque el casco antiguo entero cabe dentro de un rectángulo de quinientos metros de lado. Lo que sí tiene sentido es hacerlo en un orden concreto, porque la ciudad va en cuesta y porque los monumentos cierran a mediodía.
Esto es lo que hay, en el orden en que conviene verlo.
La Plaza Mayor, que no está dentro
Es lo primero y muchos la dan por vista en dos minutos. Merece más, porque explica la ciudad entera: la Plaza Mayor está fuera de la muralla, pegada a ella. Ahí estaba el mercado, el bullicio y la vida civil; dentro estaban los palacios, las familias y el poder. Esa separación no es casual y se nota todavía hoy.
Desde aquí se ve el frente amurallado completo, con la Torre de Bujaco a la izquierda, la Torre de la Hierba y el Arco de la Estrella en el centro. Es el punto de salida de casi todas las visitas guiadas y el mejor sitio para empezar.
El Arco de la Estrella
La puerta principal. Lo que se cruza hoy no es la puerta medieval original: es la reforma que hizo Manuel de Larra Churriguera en el siglo XVIII, ensanchándola en recodo para que pudieran pasar los carruajes. Por eso la entrada gira en lugar de ir recta.
Cruzarlo tiene un efecto casi teatral: se pasa del ruido de la plaza a un silencio de piedra. Es el momento en que la mayoría de la gente saca el móvil.
La Plaza de Santa María y los palacios
Nada más subir se llega a la plaza más importante del conjunto. Aquí están, en menos de cien metros:
- La Concatedral de Santa María, del siglo XV, con su retablo mayor de cedro y la torre que se puede subir.
- El Palacio de Carvajal, con su torre redonda —una rareza en una ciudad de torres cuadradas— y un patio con una higuera centenaria.
- El Palacio de los Golfines de Abajo, donde se alojaron los Reyes Católicos y donde está la crestería más trabajada de la ciudad.
- El Palacio Episcopal y el de Mayoralgo, cerrando la plaza.
Si solo vas a entrar en un sitio, que sea aquí.
Por qué las torres están cortadas
Al mirar los tejados se ve algo que no encaja: casi todas las torres de los palacios están cortadas a media altura, como si les faltara la parte de arriba. No es ruina. Es un castigo.
Cáceres se pasó el siglo XV enfrentada en luchas de bandos entre familias nobles, cada una fortificada en su propia casa-torre. Cuando los Reyes Católicos pusieron orden, ordenaron desmochar las torres: cortarlas para que ninguna familia pudiera volver a hacerse fuerte.
Y hay una excepción, que es la parte buena de la historia: la Torre de las Cigüeñas, en la plaza de San Mateo, sigue entera con sus almenas, porque su propietario quedó exento del castigo. Es la única, y se ve desde la calle.
La Plaza de San Jorge
Subiendo desde Santa María se llega a una escalinata que da a la iglesia de San Francisco Javier, la de las dos torres blancas encaladas que aparecen en todas las fotos de Cáceres. Es el único edificio del casco antiguo que no es de granito visto, y por eso destaca tanto.
Se puede subir a las torres, y desde arriba se ve el conjunto completo de tejados y cigüeñas. Comprueba el horario antes, porque cierra pronto.
El aljibe almohade
En la Plaza de las Veletas está la Casa de las Veletas, sede del Museo de Cáceres. La casa es un palacio renacentista, pero lo que hay que ver está debajo: un aljibe almohade del siglo XII, con arcos de herradura sobre columnas y el agua todavía dentro.
Es lo más antiguo que queda en pie de la Cáceres musulmana, es una sala que no se parece a nada más de la ciudad y a los niños les impresiona muchísimo. Está a cubierto, así que también es el plan de emergencia si hace demasiado calor o llueve.
El Arco del Cristo
Bajando por el otro lado se sale por la única puerta romana que sigue en pie, en la muralla original del siglo I. Es estrecha, oscura y no tiene ningún adorno, y precisamente por eso funciona: se cruza y se está mil años más atrás que en el resto de la visita.
Al atardecer es el mejor final posible del recorrido.
El barrio de San Antonio
La antigua judería de Cáceres, en la ladera este. Casas encaladas, callejones estrechos y la ermita de San Antonio al final. No hay monumento que visitar y por eso sube muy poca gente, que es exactamente la razón para subir.
Está a cinco minutos del Arco del Cristo y se recorre en media hora.
Si te sobra tiempo
- Fundación Helga de Alvear, arte contemporáneo en un edificio nuevo junto al casco antiguo. El contraste con el granito es brutal y la colección es de primer nivel.
- Los Barruecos, a quince minutos en coche, con sus bolos de granito y las cigüeñas anidando sobre las rocas.
- Y todo lo que hay a menos de hora y media: Monfragüe, Trujillo, Mérida y el Valle del Jerte.
Dos avisos prácticos
Los monumentos cierran a mediodía. Es el error clásico: llegar a las dos de la tarde y encontrárselo todo cerrado hasta las cinco. Si solo tienes una mañana, empieza pronto.
Dentro de la muralla no se aparca. El casco antiguo es peatonal salvo para residentes. Deja el coche abajo y sube andando; están todas las opciones en la guía de dónde aparcar en Cáceres.